En el marco de la materia Lengua y Literatura II, las alumnas de segundo año Antonella Ochova, Martina Ledo y Luciana Vera, realizaron una entrevista a la profesora Franca Ravanelli. La especialista en cerámica relató cómo decidió emprender la carrera artística, y con un estilo muy particular expresó su punto de vista sobre cómo fue aprendiendo ese trabajo, las diferencias entre nuestro país e Italia. Cómo somos los argentinos.
– ¿Nos puede contar un poco de usted?
Me llamo Franca Ravanelli soy nacida en San Juan igual que mis otros dos hermanos, pero el resto de mi familia es de Italia. Mi papá es de Trento, una ciudad al norte de Italia y mi mamá es de un pueblo de los Alpes.
Soy vicedirectora y profesora del Centro Polivalente de Arte “Profesor Roberto Trasobares”. Nací el 27 de febrero de 1961, estudié en la Universidad de Córdoba y me especialicé tres años en Italia.
– ¿En qué se especializa y en qué se destaca?
Me especialicé en reproducción de Pintura y Cerámica del 1000 al 1700 en Italia. Pero la cerámica tiene infinidad de técnicas y variables, además yo voy incorporando cosas nuevas. Entonces cuando pongo los trabajos dentro del horno pienso que es un huevo de pascua, porque una nunca sabe la sorpresa que se puede llevar adentro.
Hay técnicas que son muy lindas, pero tienen la dificultad de que los elementos que implican son muy caros (como el nitrato de plata y el nitrato de cobalto), pero esta técnica que se llama ‘lustro’, es la única que no se puede reproducir: yo puedo hacer dos lámparas iguales, pero nunca salen las dos piezas exactamente iguales.
– ¿Cómo se dio cuenta de que le gustaba la cerámica y como decidió estudiar eso?
Bueno, yo quería estudiar veterinaria, (ríe con ganas) nada que ver. Pero en realidad no podía ir a estudiar veterinaria en ese momento porque era lejos y mis padres no lo podían pagar. Lo máximo a lo que podía llegar era a Córdoba, a mí me gustó siempre lo que es el trabajo artesanal y opté por la cerámica que eran cinco años. Terminé esa carrera creyendo que sabía todo y resulta que cuando me fui a estudiar un poco más lejos, me di cuenta de que no sabía nada.
Hay un gran abismo entre la teoría y la práctica real, aprendí mucho de la prueba y el error. Sumado a eso, en Italia que es la cuna de la cerámica, durante tres años compré cerámica, esmaltes de alta temperatura, esmaltes de baja temperatura, pinceles de determinada calidad y cuando vine acá me encontré con que la arcilla que trabajaba no siempre era compatible con el esmalte que me vendían, los pinceles tenía que buscarlos solamente en Buenos Aires.
Estuve aproximadamente un año haciendo pruebas y error para poder hacer la primera exposición porque en la cerámica tiene que ver mucho la física y la química, hay que ver la compatibilidad de los esmaltes.
– ¿Qué es lo que más le gusta de hacer cerámica?
Lo que me gusta mucho es investigar, porque en esa tarea salen cosas que son increíbles. De mismos errores que he cometido como mezclar elementos que no debía, salieron cosas extraordinarias como también cosas espantosas (risas).
Hay muchas técnicas que me gustan, pero veo que se me va la vida y no logro aprender ni practicar todo lo que quisiera.
– Entonces hay un montón de cosas para aprender y practicar, que no nos da la vida para hacerlo y además los recursos nos limitan un poco…
Y… a veces los recursos te limitan bastante, bueno yo acá difícilmente consigo las cosas que necesito y los precios son muy costosos. Compro los materiales en San Juan, Mendoza o Buenos Aires.
Lo mismo pasa con los vidrios, cuando hago los vitro, utilizo vidrios para vitro que es caro porque sólo se produce en Alemania y en Estados Unidos, pero se consiguen.
Estos materiales son caros porque Argentina produce los colores comunes, tanto en vidrio como en esmaltes de cerámicos. Y en cuanto a los pinceles que uso, que son de pelo de buey o pelo de mono, tengo que encargarlos a mis amigas de Italia y ellas me los mandan.
– ¿Tuvo alguna duda sobre lo que decidió estudiar? ¿si no hubiera estudiado cerámica, dónde se imagina que estaría?
Si no hubiera estudiado lo que estudié, creo que hubiera estudiado lo que estudié (risas). Creo que ahora estaría en veterinaria, porque mi relación con los animales es muy buena, creo que mejor que con la gente (risas). Me siento bien, me gusta el campo, la vida tranquila, no me gusta el gentío y la locura. Creo que estaría en el campo con los animales.
– ¿Qué le gusta de Argentina?
De la Argentina me gustan un montón de cosas, yo amo a mi país, lo que pasa es que me molesta que seamos tan insatisfechos. Siempre estamos viendo lo que nos falta y no vemos lo que tenemos, no lo cuidamos. Creo que tenemos que empezar con las cosas sencillas, soy una agradecida de la vida porque creo que tengo un montón de cosas y no pasa por lo material porque hoy económicamente todo el mundo está complicado.
Creo que uno tiene que levantarse a la mañana y agradecer porque tiene una cama, una manta para taparse, agua caliente, electricidad. Esas cosas son tan obvias que ya no las valoramos, pero no todo el mundo tiene eso.
Los argentinos tenemos que aprender a aceptar que hemos desaprendido a aceptarnos, no importa si es peronista o es radical. Uno puede ser judío, otro mahometano y otro cristiano y eso no quiere decir que uno solo tenga la razón. La razón absoluta no la tiene nadie, hay que aceptar a uno como es y eso creo que lo hemos perdido. Podemos hablar tranquilamente mas allá de nuestras diferencias, a lo mejor no lleguemos a un acuerdo pero nos debemos el respeto. Debemos tratar de crecer, estar con gente que nos sume y no con gente que nos reste.
– Muchas gracias por su tiempo!